El existencialismo: ¿Somos hoy existencialistas?

“A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren, y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil. Seria eso, verdaderamente, ¿toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?” (Ernesto Sábato)
El existencialismo es un movimiento filosófico desarrollado en Europa, como consecuencia de la tremenda crisis provocada por las dos guerras mundiales, siendo su punto culminante la explosión y la devastación causada por las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.
En este contexto, el hombre vivió bajo el pensamiento de que el mundo dejó de ser un lugar tranquilo y acogedor, que no hay nada seguro, ni alguien en quien confiar. Sostuvo la idea de que a nadie le importa el otro que el ser humano es uno más, es un individuo que debe luchar por su propia existencia, creyendo que la razón fracasó por completo.
Por eso, los existencialistas respiran una atmósfera común de pesadumbre y desasosiego. Se sienten arrojados a un mundo que ya no ofrece seguridades, sino catástrofes, un mundo donde se han perdido los valores más preciados, ya no hay ideales por qué luchar; reflexionan sobre el sentido de la vida y de la muerte. Así, el existencialista centra su atención en la existencia humana, en su propia existencia, por medio del individualismo debiendo “decidir” los actos que llevará a cabo. Así surge la angustia existencialista: es libre pero ¿Qué hace con su libertad? ¿Cómo la maneja? ¿Qué camino toma?
Entre los exponentes máximos del existencialismo encontramos a Kierkegaard y Nietzsche, entre tantos otros.
Entre las características más importantes del existencialismo podríamos mencionar las siguientes¨:
- El carácter irrectudible del individuo: afirmando que el hombre se hace a sí mismo.
- La existencia como libertad: una libertad absoluta que no está ligada a nada que la determine. Así, las cosas existen solamente si él así lo determina. El hombre es libertad ( porque su existencia nunca está planificada de antemano, ni es manejada o utilizada por otros sin su voluntad) y conciencia (porque uno decide, determina su accionar)
- Individualismo y particularismo: lo importante es uno, su propia existencia y no “la existencia” en sentido general. En definitiva, la realidad y lo concreto “es uno”.
- Las cosas no existen, “son”: el hombre les da existencia o las vuelve reales en base a su propio interés, él decide de qué forma se relacionará con éstas.
- El hombre existe en el mundo: aquí el concepto de “mundo” cambia, no se refiere al lugar físico ni a la naturaleza o a todo lo que lo rodea. En la tarea activa y creadora, el hombre construye y redescubre su mundo, volviéndose éste en un instrumento al servicio del individuo y no viceversa, como ocurría (para los existencialistas: “los hombres eran instrumentos para”)
- La angustia, la “naúsea”: los sentimientos están afloran, definiendo nuestro ser. La angustia surge de tener la idea de que existe un futuro incierto, que el hombre va camino hacia él sin garantías, haciéndose cargo plenamente de su libertad para “construir su propio camino a cada paso”. De él depende sus resultados. La náusea, es un concepto e idea de Sartre surge de la falta de propósito y finalidad del mundo y de los hombres. Para él todo está de más, tejiendo el mismo entramado de lo absurdo del mundo.
- La carga de la responsabilidad: el hombre, ante todo lo planteado ve que tiene una “pesada carga”: es responsable de todo lo que haga, debiendo saber elegir para no convertir así, los mismos errores del pasado.
“Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza
en medio de un mundo bárbaro y hostil.” (Ernesto Sábato)
¿Actualmente, tenemos un poco de existencialistas?
1 Comment
Así como todos los extremos son malos, existen algunos otros que ayudan mucho a la autorreflexión, a saber entenderse a uno mismo y principalmente a saber entender al entorno que lo rodea. Desde una óptica extremista, el existencialismo predica una forma de vida muy filosófica que no deja espacio para el error. Se piensa y se piensa constantemente. Se analizan las situaciones y todas las posibilidades para no cometer las mismas atrocidades del pasado. Si bien, es una postura que permite el crecimiento interno y el desarrollo, creo que el argentino en general no es existencialista; más bien, creo que es todo lo contrario.
En una sociedad mediocre que cada día demuestra más sus ganas de quedarse donde está y nunca avanzar, se podría decir que predica un estilo de vida “facilista”, actuando en forma impulsiva, sin medir las consecuencias de los actos, siendo egoístas…
Como dije anteriormente ninguno de los extremos es bueno pero sería utópico buscar una sociedad con un balance perfecto, a si que lo único que queda es poner toda la fuerza y las ganas para salir adelante, pero siempre como un bloque, porque “Si entre hermanos se pelean, los devoran los de afuera”.
Me gustaría concluir este análisis, escrito, ensayo, crítica o como quieran llamarle, con una frase de la actriz española Mercedes Sampietro (extraída de la película “Lugares comunes” protagonizada por Federico Luppi), que creo se refiere directamente a la postura Existencialista:
“ESTA BIEN PENSAR PARA VIVIR, PERO TANTO PENSAR MUCHAS VECES NO TE DEJA VIVIR”